La pintura en polvo para horno es más fiable y duradera que la pintura líquida, tanto en la aplicación, como en el acabado e incluso para cuidar el planeta. 

La pintura en polvo, conocida también como pintura electrostática, o lacado pintuco y en inglés como Powder Coating, es un sistema de recubrimiento industrial en forma de polvo seco que se adhiere a las piezas formando una película homogénea de color. Se desarrolló por primera vez en EEUU a finales de los años 50, pero no fue hasta principios de los 60 cuando apareció el sistema de extrusión para producir en continuo, ya que antes la fabricación de estas pinturas se hacía por cargas en amasadoras.

Inicialmente, el único método de aplicación de la pintura en polvo era el de lecho fluidificado, una técnica que supone sumergir el sustrato a pintar, precalentado o eléctricamente cargado, dentro de un baño de polvo en suspensión con el inconveniente de presentar un elevado espesor de film. Esto limitaba la aplicación de estos recubrimientos a la protección de la corrosión y al aislamiento eléctrico, por ser caros y poco decorativos. Para superar estas limitaciones tecnológicas, en 1962 aparecieron las pistolas electrostáticas, hecho que propició un crecimiento extraordinario en la aplicación de pintura en polvo a escala industrial.

Sus características la convierten en una pintura muy duradera, con un acabado perfecto y en una pintura sostenible y muy respetuosa con el medio ambiente, por no contener solventes ni componentes nocivos o contaminantes, además no produce residuo, pues su excedente puede volver a reutilizarse.

En Mopasa, se apostó por este tipo de pintura para horno y en el año 2002 con su primera inversión en líneas de extrusión y molinos, y se convirtió en una de las pocas fábricas de pintura en polvo que existen en España, con gran variedad de colores acabados y texturas.

Este tipo de fabricación de recubrimientos en polvo se realiza partiendo de una mezcla de resina, endurecedor, pigmento y aditivos que se muelen hasta lograr su aspecto final de pintura en polvo.

Por tanto, se pueden crear todo tipo de colores y acabados como el habitual brillo, semi-brillo, mate, satinado, texturado, gofrado…) y calidades.

Pueden lograrse acabados en cualquier color e incluso incoloro, englobados principalmente en tres gamas de las que disponemos en Productos Químicos Mopasa:

  1. MOPADUR: basadas en un sistema o combinación de resinas de poliéster puro reticuladas con catalizadores libres de TGIC. Proporcionan excelente durabilidad exterior y resistencia al sobre-estufado, siendo estables a la radiación U.V lo que hacen a este producto particularmente adecuado para exteriores, donde además se precisen buenas propiedades mecánicas y resistencia a la corrosión. Este producto se fabrica en acabado liso con tres diferentes categorías de brillo y se definen en cuanto a la imitación de color bajo carta RAL. Todas las formulaciones de Mopasa se encuentran exentas de metales pesados y cumplen con las normas EN71:+A1+AC (migración de componentes seguridad en los juguetes) y FDA 21CFR 175.300 (migración componentes, contacto con los alimentos.
  2. MOPAPOX: Denominamos así a todas las pinturas basadas en una combinación de resinas Epoxi-poliéster. Con esta denominación se puede fabricar prácticamente la totalidad de acabados, brillos y efectos. La combinación de resinas epoxi y poliéster en las pinturas MOPAPOX proporcionan una serie de características que los convierte en altamente versátiles, este tipo de producto ofrece mejor resistencia al amarilleo por sobre-estufado que las pinturas de base epoxídicas.
  3. MOPATERM: pinturas fabricadas con resinas epoxi, este tipo de producto viene caracterizado por su excelente extensibilidad, resistencia a la corrosión y elevada resistencia a los agentes químicos. Las pinturas MOPATERM se fabrican especialmente en tonos oscuros debido a su poca resistencia al amarilleo por sobre-estufado, no son indicadas para ser aplicadas en productos que deban ir expuestos al exterior.

Para la aplicación de la pintura electrostática, se requieren tres sencillos pasos que pueden llegar a automatizarse:

  1. Tratamiento del metal a pintar: desengrasado de la pieza y aplicación de una capa de fosfato (hierro o zinc) mediante inmersión o por lanza manual.
  2. Pintado: aplicación por pulverización de la pintura en polvo que se adhiere al metal electrostáticamente, en las piezas generalmente conectadas a tierra y conductoras. Esta etapa se realiza en una cabina específica que recoge y controla el excedente de polvo para su reutilización.
  3. Curado: horneado a 180 grados centígrados de la pieza recubierta con el polvo, para que la pintura polimerice y adquiera su acabado final.

Y es que la pintura en polvo cuenta con una excelente adherencia y flexibilidad que permite incluso el plegado, la torsión y la deformación lenta de las piezas, presenta gran resistencia a la abrasión, la corrosión, los químicos y las manchas.

Además, la pintura en polvo presenta homogeneidad de espesor de pintado con una apariencia de mayor calidad por los bordes redondeados y es termo-endurente, con resistencia a condiciones climáticas extremas, como sol, rayos ultravioleta, calor, frío y humedad.

Al estar fabricada y aplicada sin el uso de disolventes, no emite gases tóxicos y produce un impacto ambiental muy bajo, sin emisión de VOC, peligro de inflamabilidad o necesidad de medidas de seguridad especiales para el almacenaje.

No necesita una aplicación de base anticorrosiva ni requiere mezclas ni aditivos y su utilización es inmediata sin ajustes de viscosidad.

Actualmente su uso es habitual en acabado de elementos metálicos, muebles, barandillas, estructuras, perfilería de aluminio, juguetes, bicicletas, herramientas, carrocerías de coche, etc. por ser es una de las alternativas más limpias y eficientes de la industria de pintura.